Mi papá me dijo que vaya a mi habitación, porque ellos tenían que hacer unos mandados. Yo fui, junto a Dani, a mi habitación, pero había algo arriba de mi cama, y no podía confundirme: tenía la forma de una guitarra. Corrí hacia mi cama y empecé a abrirla, era una guitarra hermosa, no sabía usarla, pero siempre quise aprender.
-¡Una guitarra! - grité, dando media vuelta con esta para ver a Dani.
-Ahora me vas a hacer la competencia - río.
-Ni siquiera sé usarla ¿me vas a enseñar, no?
-Vamos a ver qué tal, tal vez sí te enseñe, como tal vez no.
-Dale - hice puchero.
-Bueno, vení
Me senté en mi cama, al igual que él se sentó detrás mío y cruzó sus brazos hasta la guitarra, como abrazándome, mientras yo tenía las manos en esta para seguir lo que decía.
-Fijate las cuerdas, así vos vas sabiendo cuál es do, re, mi - empezaba a explicar tocando la guitarra, yo intenté hacer lo mismo pero no me salió.
-¡No me sale! - hice un puchero, dándome vuelta, casi tocándole la nariz por estar en esa posición, justo en ese preciso momento entraron mis papás.
-¿Te gustó tu regalo? - me separé inmediatamente de él, parándome.
-¡Me encantó! - abracé a los dos, y volví a sentarme, pero al lado.
Ellos se fueron, y nos volvimos a quedar solos, así que volvimos a las discuciones sobre la guitarra.
-No puedo tocarla - seguía haciendo puchero.
-Vas a poder Valeria, intentalo, es fácil - luego de eso entendía como si hablara en chino, pero más o menos sacaba según los movimientos que hacia y llegué a tocar un poco. Era un buen, divertido y un poco enojón profesor.

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