Era muy hermoso ir a esa arboleada del parque en otoño, cuando las ojas eran amarillas, naranjas, rojas, algunas en los árboles y otras que se caían. Caminaba y sentía como las hojas crujían debajo mis pies. Nos sentamos en un banquito con mi guitarra.
- Dejame tocar algo - reprochó Dani.
-Toco algo y te la doy - reí y empecé a tocar cualquier cosa que se me vino a la cabeza.
-Listo, es mi turno.
-No - seguí tocando.
-¡Valeria!
-¿Qué?
-Dejame tocar un poco.
-Espera, o sino anda a buscar tu guitarra
-Bueno, voy, pero esperame acá eh.
Ese parque era más cerca de su departamento que de mi casa, solo estaba a una cuadra. En ese tiempo me quedé sentada ahí, con mi guitarra, cuando alguien me tapó los ojos por atrás, y cuando me di vuelta, era él. Una de las personas que conocí en un viaje, que nos hicimos muy íntimos hablando, pero que nunca más nos habíamos volvido a ver y nuestro único contacto era el celular y el Internet.
-¿Te acordás de mi? - preguntó.
-¿Cómo me voy a olvidar? - reí y lo abracé.
-Al fin te vuelvo a ver Val - exclamó.
-Te extrañé
-¿Qué no te acordás cómo me llamo?
-Sí me acuerdo - reí.
-¿Cómo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario