jueves, 1 de marzo de 2012

Capítulo 3.

A una determinada hora, luego de comer en un restaurante de allí, volvimos al hotel. Él vivía un piso más arriba que yo, así que subimos juntos, había sacado mi iPod para sacar una foto, cuando sentí que el ascensor paró. Por un momento abracé a Dani, creí que se había quedado. 'Ehm, Val, ya podemos bajar' me dijo, y lo solté. No sé por qué pasó por mi cabeza eso, que el ascensor se había parado, que íbamos a quedarnos ahí, estaba muy despistada, además de mi experiencia con los ascensores cuando era chica. Entramos a mi departamento, me tiré en mi cama, y luego me senté dejando mi bolso arriba de la misma que yo estaba sentada. 'Gracias' musité, a lo que respondió con una sonrisa y un beso en la mejilla, se despidió, al igual que yo, y se fue. ¡Ese día fue hermoso! me reí y disfruté mucho con él. No quería encariñarme tanto, después iba a llegar el momento de reencontrarme con mis padres y que me digan 'no, no puede ser tu amigo' ¡me cansaban muchísimo! yo podía elegir mis amistades.
 Esas dos semanas que estuve en París con él, fueron estupendas ¡aunque hubiera deseado no encariñarme con él, era imposible! era una persona única, me devastaba la idea de que no iba a hablar más con él. Era de esas amistades que se logran rápido pero con mucho cariño, porque las personas formaron poco de tu vida pero las iluminaron en ese corto tiempo.
 Llegué a mi casa, claro, mis papás no me extrañaron, ni nada, simplemente los saludé y me encerré en mi pieza, como siempre: en mi vida solitaria, con mi guitarra, mi iPod, mi televisión, mi notbook y mis libros, no mucho más que eso. Mi habitación era hermosa, y a la vez grandes, mis papás eran ricos y usaban la mayoría de la plata en la casa y casualmente, a veces donaban.
Ese mismo viernes, Dani me llamó para ir a su casa. Obviamente, mis papás y sus costumbres raras ya me habían prohibido juntamente con él, algo se me iba a ocurrir. Me vestí mis vestido, busqué unos zapatos con tacos (él era altísimo y yo una enana) y salí para allá, cuando ya había atravesado el umbral recién me calcé mis zapatos, así no se habían enterado que me fui.
La pasamos excelentes, comimos pizza mirando televisión arriba de la alfombra riéndonos muchos que me golpeé la cabeza con su cama ¡era demasiado divertido pasar una noche con él! vivía en otra localidad, así que tendría que volver en colectivo. Bajé a una cuadra de mi casa, caminé, me descalcé antes de entrar y cuando entré estaban mis papás parados, al frente de la puerta. Un sentimiento de miedo se apoderó de mi cuando mi mamá dijo 'Valeria, ¿dónde estabas?'.

No hay comentarios:

Publicar un comentario